Todas las mamás tenemos una historia detrás de ese momento en que nos enteramos que estamos embarazadas. La mayoría de las historias que conozco, son de mujeres que estaban ansiosas esperando el momento de quedar embarazadas de sus maridos o pololos. Y en el momento en que supieron que por fin lo estaban, me imagino que debe haber sido mágico. También conozco otras historias donde la noticia costó ser procesada porque no lo esperaban para nada, pero después de unos días fue pura felicidad.

Mi caso con mi primer embarazo fue súper especial. Yo estaba en Nueva Zelanda en un viaje sanador. Así lo llamé. Hace 6 años se murió mi pololo, Tyrone, un canadiense que conocí cuando estuve de intercambio en México. Esta historia la he contado varias veces y no me canso de seguir contándola porque soy quien soy ahora, por todo lo que me pasó. Perdí a Tyrone un día sábado 8 de marzo. Supe por Facebook, cuando su prima me pidió que llamara a su papá. Cuento esto porque no sólo es traumático que se te muera alguien a quien amas, sino que toda la experiencia fue terrible. Su papá me contó que “lo habíamos perdido” y que necesitaba saber si me esperaban o no para hacer el velorio y funeral. Ahora, cuando alguien dice que en ciertos momentos no entiende nada, comprendo exactamente lo que quiere decir, porque yo no entendía nada de lo que me estaban hablando. Dije que sí. Colgué y no dejé de llorar por 2 días, hasta que por fin entendí lo que estaba pasando. Me esperaban en Canadá para cremar a mi pareja, persona con la que estábamos llenos de planes y contando los días para volver a estar juntos.

Gracias a la ayuda de mi familia y amigos, logré sacar pasaporte y visa a Canadá en menos de 1 día. Mi mamá me acompañó a este viaje de despedida y cuando volví, era otra persona. Me acuerdo de ver gente pasándolo bien, o yo misma sonriendo, y me sentía miserable, sola y sin que nadie pudiese entender lo que me estaba pasando. No tenía a su familia cerca para hablar, ni nada de él, fue como que se lo tragara la tierra. Fue lo peor que me ha pasado en la vida y una parte de mí se murió con él. Por mucho tiempo pedí volver a estar bien. Me acuerdo que cerraba los ojos y le pedía al universo que me mandara amor. Por eso renuncié a mi trabajo y decidí partir a Nueva Zelanda 2 años después de su muerte, para darme un espacio a vivir mi luto y poder estar tranquila.

Y así fue como llegué a Nueva Zelanda, con una sensación de que algo me haría estar mejor. Conocí mucha gente, muchos lugares, hice nuevos amigos y fue una gran experiencia. Unos meses después de haber estado allá, conocí a Michael, un australiano que trabajaba y vivía en el mismo lugar que yo y que terminamos siendo pareja. Por cosas de la vida, nos quedamos sin amigos en el hostal, porque todos se fueron a otras rutas, y así empezamos a viajar juntos. No puedo decir que lo pasé muy bien con él, porque después de un tiempo juntos se puso flojo y cada día teníamos menos tema. Él se había ido de su casa a los 14 y yo echaba de menos todos los días a mi familia, veníamos de mundos demasiado distintos. Nunca entendí bien qué hacía con él. Era guapo y parecía mejor estar acompañada que sola. Incluso ahora, volviendo a leer mi diario de vida del viaje, me encontré con un “no entiendo qué hago con él pero sé que es por algo mayor que ahora no logro entender”.

Al poco tiempo me empecé a sentir mal. Me acuerdo que me dolían las pechugas, tenía sueño todo el día, andaba agotada y no entendía por qué. Mi mamá me llamó un día para contarme que había soñado que yo estaba embarazada. Yo también lo había soñado, pero eran coincidencias que no me llamaron la atención. Con Mike nos cambiamos de ciudad, a 8 horas de viaje en auto. Yo dormí 7 y 1/2. Vomité todo el ferry y vomité más cuando llegué a un hostal asiático con olor a comida india. Un día entré a un Subway y me dio asco. Y ese fue el día que mi amiga Luci me dijo: ¿No estarás embarazada?

Lo pensé una vez. Luego dos. Y a la tercera fui a mi pieza y saqué de mi bolso un test de embarazo que me habían regalado en el doctor. Me fui sola al baño de mujeres y pensé harto rato en qué pasaría si salía positivo, en cómo cambiaría mi vida. Lo único que sentía era angustia. Me debo haber demorado una media hora en poder hacerlo, hasta que lo hice. Y ahí estaba yo, con un test que no sabía bien lo que decía porque estaba borroso.

Fui donde mi amiga, se lo mostré y me dijo que tampoco entendía, así que me acompañó a comprar otro más. Me terminé comprando 3, me los hice todos y ahí sí salieron uno a uno, positivos. Las lágrimas no paraban de correr. El miedo, la soledad, la angustia, el “qué haré?”.

Cuando me hice una eco y vi a ese poroto, me sentí feliz. Asustada pero feliz. Era lo que había estado esperando hace tanto tiempo: amor. Y le dije que muchas gracias, que ya no me interesaba saber más. Le dije a mi pareja que sería mamá, y aunque no estaba tan feliz con la idea, tratamos cada día de llevarnos mejor, pero creo que los dos sabíamos que no daría resultado. Mis papás, a quienes me tomó 2 semanas poder contarles, me cambiaron el pasaje y yo me vine a Chile, emocionada por ser mamá, pero también pensando que tenía que tener la frente en alto porque no sería fácil la reacción ni de católicos conservadores ni de lo que se piensa de una mamá soltera.

Con Michael hablamos durante 1 año. Me llamaba de repente, nunca mandó nada y yo me había cansado de llorar. La primera vez que escuché el latido del corazón de eso que había sido un poroto, cambió mi vida. Luego supe que era niñita y eso me hizo estar con extrema felicidad. Viví un embarazo sin el padre de mi hija al lado, pero llena de amor gracias a mi familia y amigos. Me acuerdo que tuve momentos críticos de pena, de sentirme sola, como cuando estaba armando la cuna, el parto o los primeros días de mamá. Pero nada que no haya podido controlar.

Ese día que vi los tests positivos, cambió mi vida. Para bien. Para lo mejor que me ha pasado. Fue una nueva oportunidad de ser feliz. Fue lo que siempre había querido. Hoy pienso harto más que antes en la plata, en cómo dividir mis tiempos, en cómo darle un futuro mejor a mi hija y si bien hay ciertos “peros”, cuando ella me toma la mano, me pide ayuda o me despierta en la mañana, pasa un flachback de mi vida por mi cabeza y pienso que si tuviera que pasar por todo lo que pasé de nuevo, lo haría para tenerla.

¿Y para ustedes? ¿Cómo fue cuando vieron el test de embarazo?

28 comentarios
  1. Hola javiera
    No sabes como me llego este post….cada niñ@ es una historia distinta…
    La mia comenzo super bien ,mucho entusiasmo e ilusion.
    Cuando nacio matilda todo pero todo cambio …mi forma de pensar,mi caracter (malditas hormonas)mi relacion de pareja sobre todo…ser padres es hermoso pero dificil y no todos estan preparados.
    Continue sola la crianza de mi matilda apenas 2 meses de nacida y en ese entonces mi concepto de vida es CAPACIDAD
    Cuando matilda llego aumento mi capacidad de amar, mi capacidad de lograr lo que sea por el bien de mi hija , ser capas de levantarse y ser la familia de a dos mas feliz de esta tierra!!!!
    Y aun soy capaz de hacer mil cosas por la felicidad de mi pequeña,
    Un abrazo
    Maca y Matilda

Los comentarios están cerrados.

También te puede gustar