¿Cómo no amar los muebles de segunda mano?

Cada vez que entro a un galpón de muebles usados, siento algo que me hace muy feliz. El olor, los materiales, el estado de los muebles, la emoción de estar en búsqueda un tesoro, el saber que hay tantas historias reunidas en el mismo lugar y el hecho de sentirme “heredándolas”, me supera amablemente. Y eso me pasa con casi todo lo de segunda mano, ya sea ropa, accesorios, juguetes, carteras, entre un largo número de etcéteras. Además, siento que habiendo tanto de todo dando vueltas en nuestro planeta que está actualmente herido por nosotros, ¿cómo no vamos a poder, entre todos, reutilizar lo que ya hay y disminuir el consumo? ¿Por qué hay que sentir miedo de lo usado?

Cuando llegué a vivir a Francia, algo me sorprendió gratamente: las Vide Grenier. Son una especie de venta de las pulgas o de garage, donde cada pueblo/ciudad organiza la suya y así los habitantes pueden salir a vender las cosas que ya no usan a buen precio, y uno a va a vitrinear o tratar de encontrar algo que anda buscando. En algunos lugares son periódicas, cada fin de semana o una vez al mes, y en otros es una o dos veces al año. Se promocionan en una página web o sus redes sociales, incluso el boca a boca, y tanto es parte de la vida de acá,  que incluso hay franceses que viven de esto, yendo a vender cosas cada vez que hay una. Y esto se hace sin distinción de raza, clase o edad, es decir, todos participan. ¡Llegué al paraíso!

Cuando tuvimos que amoblar nuestra casa, me puse a buscar muebles en distintos lados, como Marketplace de Facebook, las vide grenier y otras webs. Algunos nos dijeron que fuéramos a Ikea, pero dado que ya sé que está cerca y que es un lugar donde encontraría de todo, primero quería darle una oportunidad a los de segunda mano. Y pasé varios días preguntando por aquí, preguntando por allá, y resulta que la respuesta la tenía mi marido – que no sé por qué no me lo dijo antes -, y se llamaba Troc, un galpón gigante a unas decenas de kilómetros de aquí, donde encontraríamos de todo.

Cuando entramos a Troc, sentí esa adrenalina de la que hablaba en un principio, esa que sientes cuando estás buscando o un tesoro. Este galpón está dividido en secciones, entre ellos sillones y poltronas para el living, mesas de centro, escritorios, baño, cama, closets, cocina y buffets, entrada, música, libros, y una sección con productos de todo tipo, y casi todo muy de estilo provenzal. ¿Podría existir algo mejor? Yo tenía clara la idea de decoración -mucho blanco, gris y madera -, así que no fue difícil ir identificando por colores, extasiada, mientras Pierre iba sonriendo a mi lado. ¡Qué delicia que te acompañen con tus locuras!

Salimos de ese lugar con casi todo: muebles para la cocina, sillón, rack, mesitas laterales, terraza, sillas, buffet, clóset, cómodas, entre un largo etcétera, a un precio increíble, con muchas historias escondidas en cada uno de ellos, reutilizando y lo mejor de todo, es que eran tan simpáticos los vendedores que, dado que pronto nos íbamos a Chile, se ofrecieron a dejar nuestros muebles en el galpón y despacharlos gratuitamente cuando volviésemos. Fue como una win-win-win-win-win situation.

Cuando quedó armada la casa, nos paseamos varias semanas por distintas Vide Grenier en los pueblos de nuestra zona, encontrando todo lo que nos faltaba, y ya lo que no pudimos encontrar, lo compramos en Ikea. Si bien es agotador cambiarse de casa, de verdad lo siento como un maravilloso recuerdo, que culminó cuando hace unas semanas participé por primera vez vendiendo en una Vide Grenier, donde fui con una amiga y mis hijas, a vivir una de las “tradiciones” que más me han gustado de Francia.

¡Qué delicia son los muebles usados!

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