En un nuevo 8 de marzo, mi mamá me preguntó que por qué soy feminista y esto fue lo que pensé:

Porque crecí viendo cómo eran las mujeres que se encargaban del cuidado de los hijos. Los hombres eran los que se quedaban sentados en la mesa después de comer. Las madres las que lavaban, limpiaban. Las que estaban de mal humor, las que no tenían tiempo de jugar por el cansancio, las que retaban. Las que en conversaciones de sobremesa eran interrumpidas por voces masculinas tratando de “explicar mejor”. Vi y escuché mujeres grandes hablando de cuando gorda estaba la amiga y cuántas infidelidades sumaba el marido. Vi a mi abuela mirándose al espejo, dándome cátedra de lo linda que tenía que estar para el mundo, de lo dispuesta que tenía que estar para el sexo y lo escondidos que tenían que estar mis problemas para recibir al hombre después del trabajo con una gran sonrisa.

Soy feminista porque comencé la adolescencia con amigas que me trataron de puta cuando decidí dar mi primer beso a alguien que no era mi pollo. Porque fue tanta la vergüenza que pensé que ocultar cuántos besos había dado estaba bien. Soy feminista porque nadie me dijo que eso estaba mal. Soy feminista porque las monjas nos medían las faldas, preocupándose de no tenerlas más arriba de la rodilla, porque si algún compañero te daba un agarrón, era por culpa del largo de la basta. Soy feminista porque crecí convencida de que no podía vivir sin mi sexualidad libremente, pensando que era mejor mentir. Viviendo con la culpa. Soy feminista porque cuando quise decir que no, no fui escuchada. Amparada bajo frases clichés que decían que cuando nosotras decíamos que no, en realidad era un sí.

Soy feminista porque para los ojos de los profesores, la vida de las mujeres no eran dignas de enseñar, su literatura no era digna de leer, sus nombres no eran necesarios de aprender.

Soy feminista porque tuve que tomar pastillas anticonceptivas desde los 15. Porque somos nosotras las que tenemos que cuidarnos, porque el embarazo es responsabilidad de la mujer. Soy feminista porque desde que tengo 11, los hombres se han sentido con el derecho de disociarme de mi cuerpo y lo han hecho parte de sus temas de conversación y análisis. Porque validaban a las que eran lindas. Soy feminista porque desde que somos niñas recibimos mensajes de una publicidad que nos sitúa en roles menores, subestimadas, sin derecho a pensar. Soy feminista porque crecí escuchando que si una mujer tenía un alto cargo en el trabajo era porque se metía con el jefe. Soy feminista porque si nos enojamos somos histéricas, hormonales, nos falta sexo.

Soy feminista porque cada vez que me sube a un auto con un hombre pienso que pueden terminar violándome.

Soy feminista porque se espantan si saco mi teta para dar leche, pero comparten fotos de mujeres en pelota en el celular.

Soy feminista porque nos pagan menos, porque somos un cacho si nos embarazamos.

Porque nos matan, porque no nos creen si nos pegan y maltratan. Porque si un hombre envejece diciendo lo que piensa es sabio y excéntrico, en cambio una mujer es loca.

Soy feminista porque soy cuática cuando digo que odio los “piropos” de la calle. Cuando digo que es acoso.

Soy feminista porque me ha costado más que la mierda ser mamá, luchar para que no me encasillen en un rol, para que me sigan validando en el trabajo, en la vida social. Porque la ley dice que somos nosotras las que debemos quedarnos en la casa cuidando 6 meses a nuestros hijos, mientras el hombre vuelve a trabajar.

Soy feminista porque la religión nos ha asesinado, subestimado, marginado. Y todavía piensan que tienen poder sobre nuestros cuerpos.

Soy feminista porque estoy criando a una hija con miedo de no poder decirle que todo esto va a acabar algún día. Pero con la convicción de que seguiremos gritando, quejándonos, luchando y peleando. soy feminista porque quiero que nos traten como PERSONAS.

Por @lafranloexplicatodo

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