¿Se acuerdan de las novelas que más les impresionaron cuando ya eran lectores casi adolescentes? Seguro que hubo alguna lectura del colegio que destacó entre el aburrimiento de “lo obligado” y que los hizo leer más de las diez al día páginas que habían calculado para terminarlo el día de la prueba. Para mí una de esas novela fue Mi planta de naranja lima de José Mauro de Vasconcelos, un bestseller entre mis compañeros y compañeras. Todos hablábamos de ella, de su final, de la pena que daba cuando terminabas de leerla. Debe haber sido el primer libro con que lloramos. El primer libro con el que intuimos qué eran los melodramas. Las grandes novelas nos muestran qué son los géneros literarios, eso que buscamos cuando por ejemplo queremos arrendar una película y buscamos: western, acción, drama, etc.

Inspirado por el recuerdo, partí a la biblioteca, pero no encontré la novela. En su lugar me topé con otro nombre conocido: Mark Haddon. Seguro que han oído hablar de su novela El curioso incidente del perro a medianoche. Si no, vale la pena leerla. El libro en cuestión era una novela para niños, ¡Bum!, y la agarré para ver qué tal.

Hacía tiempo que no me divertía tanto, una aventura de comienzo a fin. Jim y su mejor amigo, Charlie, un día por pura casualidad descubren que dos de sus profesores hablan un idioma extraño, uno que no se parece a nada que hayan oído jamás. La curiosidad se despierta y descubren una trama que los lleva a mundos interplaanetarios, invasiones alienígenas y decisiones importantes. Persecuciones, descubrimientos, aprendizaje, todo aquello que las novelas y las películas de aventuras nos dan, y que quizá hoy de adultos nos entregan las películas de acción.

Y así como con Mi planta de naranja lima descubrimos el más tierno melodrama, con ¡Bum!, la aventura y la ciencia ficción. Dos géneros literarios que van muchas veces de la mano y que gozan de vitalidad en el cine y la literatura. Y que nos enfrentan con el miedo a lo desconocido, al fin de todo y nos dejan como exploradores curiosos que somos de la realidad más fantástica. He aquí la chispa de la imaginación, la inspiración, tan importante para el juego y la creatividad de los niños y niñas. Como un melodrama sensibiliza sobre la realidad, las aventuras estimulan la curiosidad, el misterio, aquel creer que la realidad no es lo que parece y que detrás de ella hay infinitas tramas por descubrir.

Un consejo: si quieren que sus hijos lean, vuelvan a leer lo que los emocionó como niños, busquen nuevas cosas y quizá así se encuentren con un libro que les despierte el recuerdo de películas y géneros que también los emocionaron.

Iván Barreto.

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